Discurso

Print
Hits: 594

(Algunos consejos especiales e instrucciones para nuevos pre­dicadores ordenados, por el que fuera nuestro primer apóstol Ernest William Sellers).

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración constantemen­te a Dios es que todos puedan ser salvos; y por medio de sus obras, oraciones y predicaciones muchos puedan creer, obedecer, llegar a ser discípulos de Cristo; aborrecer y renunciar al pecado, recibir el pasaporte para el cielo; llevar los frutos del Espíritu de Cristo; ha­cer las obras de Cristo como creyentes; alcanzar la victoria sobre el mundo para "nacer otra vez, nacer de Dios", y que Cristo pueda reinar, morar en ellos y gobernados, pues ya no podrán pecar, "porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios" 1Jn. 3:9.

Por tanto, como declaró el apóstol Pablo en su epístola a los Romanos capítulo 12, versículos 1 y 2: "Así que, hermanos os rue­go por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; más reformaos por la reno­vación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

Que esto sea lo principal en nuestra mente y corazón, cuando nos lancemos al campo de batalla de la vida. Recuerden que las profecías de Jesús, y todo lo que  declaró concerniente a Él mis­mo, concerniente a ti y a mí también, llegó acontecer. Así que es mejor esforzamos para reunir las condiciones y predicar su Evan­gelio, con el fin de que algunos puedan alcanzar la primera resu­rrección y ser salvados.

Jesús declaró: "He aquí, vengo presto, y mi galardón conmigo para recompensar a cada uno según fuere su obra". "He aquí vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro". "He aquí, vengo como ladrón, bienaventurado el' que velare y guardare su vestidura para que no se descubra la vergüen­za de su desnudez" No seamos obreros avergonzados, y guarde­mos nuestras vestiduras sin mancha o arruga, para ser hallados ve­lando. "Hombres al minuto", como los tres ejércitos de Gedeón. Que haya trescientos grupos de Soldados de la Cruz, velando y obrando unidos por el lazo interminable del amor de Dios en nues­tros corazones, por las almas; por la hermandad y por las obras del Padre. Perfectos como el Padre; santos como Dios es santo. El pue­blo de santidad, hijos de un Dios santo.

Cuando Jesús terminó la obra que le fue dada hacer, declaró: "Consumado es". Tenemos que acabar la obra que se requiere de nosotros: preparar la Iglesia y llenarla antes de su segunda venida; semejante al antiguo predicador, Noé, que preparó el arca y la llenó antes de que llegara el diluvio. Entristece mucho al Espíritu ver a un pastor sirviendo sólo como un predicador los sábados, y pasan­do todo el resto de la semana ocioso mientras los lobos arrebatan las ovejas, matando a muchas.

Que cada uno de ustedes predique la santidad, siendo pescado­res de hombres con el arpón a bordo. Que estén en fuego para el Señor, llevando Su mensaje para redargüir al mundo de pecado, de otra manera el fuego se apagará, y ustedes volverán a su condición perdida.

Donde hay poco fuego, no hay mucho del Espíritu Santo, porque la Palabra declara que el Espíritu Santo es como "llama de fuego". Jesús vino para "meter fuego en la tierra"; vino como "lenguas de fuego"; "revelado por fuego, y el fuego probará". "Salvado como por fuego". "Y como el oro que es probado en el fuego". Por tanto, alaben a Dios por el "fuego" y manténganse en la línea de fuego.

Permanezcan en oración; hagan todo en el Espíritu, "como por fuego", como ministros del Evangelio de Cristo.

No es suficiente cazar a un hombre y amonestarle. Jesús dijo: "Doctrinad a toda criatura... y he aquí yo estoy con vosotros todos los días". Si queremos al Salvador con nosotros, es menester hacer como El nos dijo. Sus enseñanzas les traerán a la perfección: Sal­vación. El antiguo ejército de Gedeón, hizo un trabajo limpio, y ganó la victoria. Los Soldados de la Cruz, el gran ejército de fe de hoy, tiene que continuar avanzando por toda la línea y también al­canzar la victoria. Sí, vencer al mundo para obtener la salvación. Como exclamó Isaías el profeta: "Clama a voz en cuello, no te de­tengas; alza tu voz como de trompeta, y anuncia a mi pueblo su re­belión, y a la casa de Jacob su pecado. Y edificarán los de ti los desiertos antiguos; los cimientos de generación levantarás: y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar." (Isaías 58:1,12).

Estén firmes por la Palabra (la verdad), y Jesús estará firme por ustedes. Si alguien preguntara: ¿Dónde adquieren tal conoci­miento? Respóndanles: El Espíritu Santo que gobernaba a los pro­fetas y les hizo hablar como ellos hablaron, es el mismo que habla hoy para redargüir al mundo de pecado. A los que no les guste es porque hay pecado en la puerta. "Arrepentíos, y creed al Evange­lio"

 

Apóstol Daddy John

Copyright © 2017 Radio Ecos Celestiales. All Rights Reserved.
Joomla! is Free Software released under the GNU General Public License.