Salvo por Gracia, por la Fé

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Así lo afirmé con palabras conmovidas en la mañana de sol y brisa fresca del 9 de noviembre de 1975. Recuerdo que ese día ensayaba el coro provincial de Matanzas, Cuba bajo la dirección de Daniel Roque. Había mucha alegría por mi bautismo pues sería el primer miembro de la Iglesia en Colón en ese tiempo, ya que solo había misioneros ancianitos. No conocía mucho de cosas protocolares y alguien tuvo que ofrecerme una camisa de mangas largas para el voto y el bautismo que se efectuó en el río San Juan, cauce histórico que corre de sur a norte donde muchos antes de mí se habían comprometido con Jesús en las aguas bautismales. Hubo cosas que repetí sin conocimiento y no interioricé, pero algunas las fijé por las promesas emanadas de mi afirmación. Jesús me prometía salvación por gracia, por la fe en sus promesas. Sentí tantas cosas, me conmoví aún cuando iniciaba la adolescencia y crecí en la iglesia creyendo en esa promesa eternal. Sin embargo, con el paso de los años y en estudios realizados en diferentes universidades de diferentes pensamientos teológicos, aparecieron frente a mis ojos y oídos otras maneras de ver el concepto de la Salvación. La gracia desde siempre ha sido un tema de controversias entre los pensadores cristianos. Ella ha logrado deslumbramiento, fascinación, encanto, admiración, respeto, honores y pleitesía a su paso invicto por los siglos de historia. Ella, el misterio; ella, el reencuentro; ella, la solución; ella, la salvación. Pero también ha tenido la opinión adversa, la desorientación sostenida, las diatribas atizadas en su contra por los detractores del mensaje que este encierra.

He oído a predicadores de nuestro entorno hablar de una salvación por obras, o enmarcando las obras con preponderancia antes que la gracia contradiciendo los postulados teológicos de nuestra orden militante que dice textualmente: …creemos que somos salvos por gracia, por la fe…Mis sentidos han escuchado una apología arriana por oficiales de mi organización, he sabido de pastores nuestros que enseñan la predestinación y creo que lo hacen sinceramente aunque con absoluta incomprensión de la fe evangélica, heredera de la fe nicena. Con los años he ido estudiando la teología desde mi licenciatura con un desafío mayor cuando realicé una maestría en dicha especialidad en una universidad bautista, allí conocí de calvinistas radicales que han estado sentados junto a mí por años y hemos escuchando muchas conferencias impartidas por doctores de ese enfoque. Conocí pastores entre ellos que no predican el evangelio pues sencillamente creen que los salvados lo son desde siempre y para siempre y vendrán solos al lugar de adoración. También los he visto menos conservadores y hasta los de 5 puntos determinantes en su formación teológica, y sin embargo, sigo aun creyendo lo mismo y con más convicción en el presente que aquel lejano día en que acepté aquella promesa, que mi regalo fue ofrecido a todos por Jesucristo en la tarde que un militar romano comprendió que la persona que expiraba en la cruz era el Hijo de Dios. Me agrada hablar de la gracia y me siento un apasionado del tema, un apologista de la muestra de amor más elevada del Salvador de los hombres. Gracia en la teología cristiana es algo así como favor no ganado, concedido por Dios a los individuos que por ello son redimidos y santificados. Gracia (en hebreo, hen) se utiliza en este sentido en la religión hebrea. En el Nuevo Testamento, Gracia (en griego, charis) se asocia casi exclusivamente a la figura de Cristo. Con su muerte expiatoria, se revelaba el favor ilimitado de Dios. Sabido esto, andaremos por caminos complejos pero caminos en sí, buscando la mejor comprensión del lector que se aventure a seguir hurgando en este tema.

Remontémonos al Edén y el pecado de Adán y Eva. Al pecar sin tener en cuenta la advertencia se hicieron dignos de la separación de Dios de sus vidas y un castigo eterno. Igualmente hoy cuando los humanos del presente pecan, según la palabra de Dios que nos dice que la paga del pecado es muerte en el libro de Romanos, también nos convertimos en merecedores del castigo eterno y la ira del Creador. Sin embargo, algo interesante a favor de los hombres ha pasado y esto no se tuvo en cuenta con los ángeles que pecaron. Según nos relata el apóstol Pedro en su libro segundo: …Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio… literalmente nos expresa que no hubo oportunidad de enmienda para ellos, que Dios los condenó definitivamente y para siempre, aunque un teólogo tan importante como el director de la Escuela Catequística de Alejandría, el mismísimo Orígenes creyera en una segunda oportunidad para las huestes celestiales caídas.

La situación con los humanos fue diferente pues Adán y Eva no murieron al instante, aunque su sentencia comenzó a obrar en sus vidas desde el día en que pecaron. La ejecución exacta de la sentencia de su muerte según la Palabra tardó 930 años en cumplirse. Y ese estilo continuó hasta el presente pues su descendencia aun pecando sigue viviendo durante muchos años, disfrutando de incontables bondades del Creador de la vida en este mundo. Cabe entonces la pregunta ¿Cómo puede Dios continuar dando bendiciones a pecadores que merecen la muerte y que se arrepentirán a la larga alcanzando salvación, y también a millones que nunca la alcanzarán cuyos pecados nunca serán perdonados?

Ante estas inquietudes aparece algo que los teólogos llaman Gracia Común. Definir esto es como la gracia de Dios por la que Él concede a las personas innumerables bendiciones que no son parte de la salvación. Algo que pudiera entenderse mejor si recordáramos aquel dicho del Maestro: …hace salir su sol sobre buenos y malos y que hace llover sobre justos e injustos… Esta definición de la palabra común en este contexto quiere decir algo que es usual, habitual, normal a toda persona y no está limitada solamente a los que creen en el autor de la Vida. Sin embargo explicaciones halladas en la interiorización de las Sagradas Escrituras hablan de una Gracia que se distingue de la gracia común, esa que lleva a las personas a la salvación se le conoce como Gracia Salvadora. De esto deriva quizá la interpretación desacertada que pueden existir dos tipos de gracia, y de ninguna manera eso es lo que quiero decir, solamente deseo expresar que la gracia de Dios se manifiesta en el mundo de dos maneras diferentes.

La gracia común es diferente de la gracia salvadora en sus resultados(pues esta no produce salvación), en los que la reciben (puesto que se da por igual a los que creen como a los no creyentes), y en su principio o fuente (ya que no mana directamente de la expiación de Jesucristo, puesto que la muerte de Cristo no ganó perdón para los incrédulos, siendo requisito indispensable creer en Él para salvación dando entonces como resultados que no los hizo tampoco merecedores de las bendiciones de la gracia común).

Sin embargo, en esta conclusión hay que decir que la gracia común sí fluye indirectamente de la obra redentora de Cristo, porque el hecho de que Dios no juzgó al mundo al instante cuando el pecado entró fue debido a que planeó a su tiempo salvar pecadores por la muerte de su Hijo. Comentaré entonces diferentes enfoques de pensamiento Soteriológico, o sea, la doctrina referente a la salvación en la religión cristiana. Los extremos de este tema han sido expuestos por personalidades del cristianismo como Juan Calvino y Arminius, polos opuestos sobre este tan controversial punto. En esta difícil cuestión de la teología que mantiene distanciados a cristianos por conceptos doctrinales, quiere mi modesta proyección alertar y generar ayuda sin otro objetivo que ofrecer mi modesta visión al respecto. Pienso que la salvación es ciento por ciento el resultado de la obra de Dios, pero además también es ciento por ciento la respuesta humana. Por ello, en la intríngulis de esta temática es que buscamos luz y comprensión

Punto de vista calvinista de la predestinación y de la elección.

Juan Calvino (1509-1564 d.C.), fue un teólogo, reformador religioso y humanista francés. Su teología le convirtió en el principal exponente de las doctrinas cristianas al amparo de las cuales surgieron buen número de las Iglesias reformadas protestantes. Miremos su perspectiva de la salvación.

Los calvinistas consideran la elección como incondicional y dependiente de la predestinación, o sea el ejercicio de la gracia soberana. Así lo expresa el libro Introducción a la Teología Cristiana de los doctores Orton Wiley y Paul T. Culbertson “Llamamos predestinación al decreto eterno de Dios por el cual Él ha determinado por sí mismo lo que cada individuo de la humanidad tiene que ser, puesto que no todos son creados con un destino similar; sino que la vida eterna se pre ordena para algunos, en tanto que para otros la condenación eterna. Todo hombre, por tanto, habiendo sido creado para un extremo, o el otro, es predestinado para la vida o para la muerte… En conformidad, por tanto, a la doctrina clara de las Escrituras, aseguramos que, por un consejo eterno e inmutable, Dios ha determinado de una vez por todas, a quienes habrá de admitir a la salvación y a quienes habrá de condenar a la destrucción”.

Así que la elección en el sentido calvinista se refiere al escogimiento que Dios en el ejercicio de su gracia soberana hizo que ciertos individuos gozaran la salvación por Jesucristo. Necesariamente incluye la reprobación incondicional de todo el resto de la humanidad.

Lo mismo que el reformador religioso alemán Martín Lutero, Calvino rechazaba el hecho de que los seres humanos fueran capaces de gozar del libre albedrío después de la caída de Adán, pero Calvino llegó incluso más allá de Lutero en la elaboración de una doctrina de la predestinación(algunas personas han sido elegidas por Dios para salvarse, mientras que otras son rechazadas por Él y están destinadas sin remedio a sufrir la condenación eterna).

Punto de vista arminiano de la predestinación y de la elección.

El Arminianismo es un sistema teológico llamado así a causa de Jacobus Arminius, teólogo holandés (1560-1609 d.C.) Que recibió su educación en Leyden, Basilea y Ginebra. Con la llegada del siglo XVIII, Juan Wesley enarboló esta doctrina y esta se convierte en la teología metodista y de un grupo de iglesias modernas que mantiene como fundamento teológico estricto los siguientes aspectos:

- El decreto de la salvación se aplica todos los que creen en Cristo y perseveran en obediencia.

- Cristo murió por todos.

- El Espíritu Santo tiene que ayudar a los hombres a hacer cosas tales como tener fe salvadora en Cristo.

- La gracia salvífica de Dios no es irresistible.

- Es posible que los cristianos caigan de la gracia.

Esta teología sostiene que la predestinación es el propósito gratuito de Dios para salvar a toda la humanidad de una ruina completa. No es un acto arbitrario de Dios para asegurar la salvación de unos cuantos y la condenación de otros. Incluye provisionalmente a todos los hombres, y está condicionado solamente por la fe en Cristo. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Jn 3:16

 

 -Dr. Sergio de la C. González

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