Dios Puede Obrar Por Medio De Ti

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"Estando convencido de esto: que el que en vosotros comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses" 1:6

Amelia es pintora. Cuando tenía seis años, sus padres alquilaron un espacio en una exhibición de artes y manualidades. La niña se sentó con las piernas colgándole de una silla plegadiza mientras los concurrentes hablaban de esa chiquita preciosa y sus lindos cuadros. Para cuando tenía nueve años, sus cuadros ya eran exhibidos en sofisticadas galerías de arte.
Por eso cuando Amelia cumplió los 12 y pasó al grupo de preadolescentes de su iglesia, era obvio que ella era la indicada para ayudar a hacer los carteles para el retiro primaveral del grupo.
¡Qué desastre!
Mientras los demás trataban de decidir qué poner en los carteles y qué colores de marcadores usar, Amelia daba órdenes sobre composición, tonalidades y matices. En lugar de ver el propósito de los carteles, vio una oportunidad de demostrar sus habilidades.
Tema para comentar: ¿De qué manera podría Amelia haber usado mejor sus dones, de modo que fuera una ayuda para los demás y que agradara a Dios?
Dios no dice: “No uses tus talentos”. Después de todo, él es el que te los dio. Pero cuando permitimos que el Espíritu nos dé poder y le decimos a Dios que estamos dispuestos a seguirle donde sea, puede pedirnos que le sirvamos en formas que nunca esperábamos.
Dios puede querer que lo sirvamos en algún lugar donde nos sentimos incómodos. Por ejemplo, a lo mejor quiere que Amelia le sirva cantando en el coro por un tiempo en lugar de hacer carteles.
Nadie puede hacer bien todo. Pero trabajando en una tarea que nos da un poquito de miedo nos puede predisponer a depender de la ayuda de Dios. Y a medida que dependemos de su ayuda, los que nos rodean verán el poder de Dios brillando a través de nosotros. Pablo escribió: “Con todo, tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7).
Cuando estudiamos a las personas que mejor sirven a Dios, notamos que se obtiene un verdadero poder por dejar que el Espíritu Santo se haga cargo y pedirle a Dios que nos dé las habilidades que necesitamos para servirle. Cuando nosotros somos los expertos, eso a veces interfiere con lo que Dios quiere hacer.
Dios no se ve limitado por tu edad, tus puntos débiles o tu falta de experiencia. ¡Sencillamente observa lo que puede hace por tu intermedio cuando le cedes el control al Espíritu!

Da Un Paso de Fé

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"Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras". SALMO 145.18

La sanidad comienza cuando hacemos algo. La sanidad comienza cuando extendemos la mano. La sanidad comienza cuando damos un paso.
La ayuda de Dios está cerca y siempre disponible, pero se otorga solamente a aquellos que la buscan. Nada se obtiene con la apatía…
Dios honra la fe radical y arriesgada…
Cuando se construyen arcas se salvan vidas. Cuando los soldados marchan, Jericó se derrumba. Cuando las varas se alzan, los mares se abren. Cuando un almuerzo se comparte, miles reciben alimento. Y cuando se toca un vestido —ya lo haga la mano de una mujer anémica de Galilea o las oraciones de un mendigo en Bangladesh— Jesús se detiene. Se detiene y responde.

Andar Dignamente

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"Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así podréis andar como es digno del Señor, agradándolo en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios". Colosenses 1.9–10

Nuestra lucha por descubrir la voluntad de Dios normalmente se manifiesta en esos momentos críticos de nuestra vida cuando nos vemos enfrentados a una decisión que es crucial para nuestro futuro: escoger a la persona que será nuestra pareja, elegir una carrera, cambiar de trabajo, evaluar la posibilidad de una mudanza o, incluso, el traslado a otro país. Frente a estos desafíos, elevamos oraciones y súplicas a Dios, porque queremos hacer lo que es correcto delante de él.
La oración de Pablo por la iglesia de Colosas es instructiva en este sentido. Pablo podría haber pedido muchas cosas por ellos, pero decidió orar por esto: que fueran llenos del conocimiento de Su voluntad. Tal oración presupone que el conocimiento de la voluntad de Dios es un aspecto fundamental de la vida del cristiano. De hecho, el mismo apóstol, en la carta de Romanos, nos describe como «esclavos de la obediencia» (Ro 6.16). Nuestra condición de esclavos a la obediencia convierte en fundamentales las instrucciones del Señor para nuestras vidas, pues ningún esclavo puede obedecer si no ha recibido instrucciones.
Quiero, sin embargo, que usted tome nota de algo: la razón por el cuál Pablo pide que ellos sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios no es porque la congregación se enfrentaba a una decisión fundamental que afectaría el futuro de la iglesia. Más bien, el deseo del apóstol era que anduvieran «como es digno del Señor». De esta manera, introduce un elemento mucho más ordinario a su oración de lo que nosotros estamos acostumbrados a contemplar. No está pensando en aquellos dramáticos dilemas que nos presenta la vida, sino en los rutinarios acontecimientos que son una parte de cada día.
La implicación es clara: el Señor pretende ser Señor en situaciones tan «poco espirituales» como los momentos en que usted interactúa con su familia, realiza las labores de su trabajo, o conduce el carro. Es precisamente en estas situaciones cuando tendemos a vivir sin darle mayor importancia a lo espiritual. El deseo del Señor, sin embargo, es que le agrademos en todo, que llevemos fruto en toda buena obra y que crezcamos a cada instante en el conocimiento de él.
La oración de Pablo, entonces, nos llama no solamente a entender que la voluntad de Dios debe ser clara en todas y cada una de las situaciones que enfrentamos a diario, sino también a estar atentos a la guía de su Espíritu que estará interesado en revelarnos esa voluntad a cada paso de la vida. Nuestra búsqueda de sus deseos no debe estar limitada a las instancias definitorias de la vida, sino también a los pequeños momentos, que con frecuencia descartamos por insignificantes.

El Poder de una Decision

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"Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia. Anda según los caminos de tu corazón y la vista de tus ojos, pero recuerda que sobre todas estas cosas te juzgará Dios… Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: «No tengo en ellos contentamiento". Eclesiastés 11.9, 12.1

 

Cuando leo este pasaje me acuerdo de un joven que anhelaba una vida más plena, llena de diversión y todas aquellas cosas que nos hacen sentir «vivos». Cansado de trabajar en la finca de su padre, procuró una entrevista con él y pidió que se le hiciera un adelanto de la parte que le correspondía de la herencia. La vida era demasiado corta para estar esperando el momento de empezar a vivir de verdad. Habiendo asegurado su tajada, partió en búsqueda de la gran vida que lo esperaba (Lc 15.11–32).

Nosotros reconocemos inmediatamente la necedad del camino de este joven. Pero me pregunto cuánto de nuestro discernimiento se debe a que conocemos de antemano la manera en que terminó la historia. La verdad es que a muchos de nosotros nos falta la herencia, pero no la filosofía de este muchacho. No poseemos un plan a largo plazo para la vida, y nuestra existencia tiende a girar exclusivamente en torno de las cosas que nos gustan o nos resultan importantes. Un marido no pasa tiempo con su esposa, porque le es más importante su trabajo. Un hijo no se toma tiempo para estudiar, porque le produce mayor placer estar con sus amigos. Una madre no tiene tiempo para escuchar a sus hijos, porque le es más importante tener la casa ordenada y limpia.

Pocos de nosotros poseemos la capacidad de anticiparnos a las consecuencias de esta forma de encarar la vida. Haciendo siempre lo que nos hace sentir bien, no incorporamos a nuestra vida aquellas cosas que son esenciales para el futuro. Con el pasar de los años, sin embargo, comenzaremos a darnos cuenta que las cosas que parecían importantes en realidad no lo eran. Junto con este entendimiento, vendrán también los remordimientos y lamentos por no haber ordenado correctamente las prioridades en la etapa de la juventud. Para muchos, será demasiado tarde para cambiar las cosas.

El autor de Eclesiastés intenta evitarnos este proceso de descubrimiento doloroso. Nos está diciendo que las decisiones que tomamos hoy tienen consecuencias mañana. Y no solamente esto, sino que vendrá el día en el cual tendremos que rendirle cuentas al Creador por cada una de esas decisiones. ¿Por qué no, entonces, tomar hoy las decisiones que producirán mañana un fruto del cual no tendremos que arrepentirnos? Muchas de esas decisiones girarán alrededor de cosas que quizás hoy no nos estimulen o produzcan mucho placer. Pero el día de mañana producirán un resultado con el cual podremos gozarnos profundamente.

Suficiencia de La Cruz

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"A éste … prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole". Hechos 2.23

La cruz no fue accidente. Este era el plan que Dios había concebido mucho tiempo atrás.
La muerte de Jesús no fue obra de un ingeniero cosmológico presa del pánico. La cruz no fue una sorpresa trágica. El Calvario no fue una reacción precipitada ante un mundo que iba de picada hacia la destrucción. No fue un remiendo ni una solución provisional. La muerte del Hijo de Dios fue cualquier cosa menos un riesgo inesperado.
No, fue parte de un plan increíble, una decisión calculada.
En el momento en que el fruto prohibido tocó los labios de Eva, la sombra de una cruz apareció en el horizonte. Y entre ese momento y el momento en que el hombre con un martillo colocaba los clavos en la muñeca de Dios, un plan maestro se fue cumpliendo.

 - Max Lucado

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